A comienzos de los mafiosos años noventa un grupo de infantes, cuya máxima preocupación era jugar y comer todos aquellos aperitivos de Matutano, se enfilaban cada día para hacer actividades de lo más variopintas. Al compás del silbato de Don Eusebio (cariñosamente Donu) movíamos brazos y caderas para realizar la actividad física que nuestra formación educativa requería.
Con voz aterciopelada y tierno semblante, Donu tocaba una y otra vez su silbato para hacernos saltar. Junto a él, Don Aniano: la mano derecha de quien nos hacía sudar. Ambos formaban un equipo perfecto y unido. Eran como el Flik-flak: dos en un reloj. Mientras que Donu nos inculcaba (con un toque hippie) la liberté, égalité y fraternité heredadas de los afrancesados, Don Aniano ponía la rectitud, serenidad y vocación arrastradas de aquella quien fuera mi primera profesora, cuyo nombre evoca a una preciosa ciudad toscana.
En este contexto surgió el video que les presento. Un documental que muestra un perfecto, equilibrado y coordinado ejercicio físico en el patio del centro. Henar la limpiadora, cámara en mano, quiso recoger estos impactantes momentos irrepetibles. Espero que les guste:
